

La fuerza se esconde en lo profundo de la tierra, en el interior de las cosas. La siesta en el Tahuantinsuyu encubre un secreto, un silencio sagrado.
Cuenta la leyenda que el Tahuantinsuyu "la tierra de cuatro cuadrantes o caminos del mundo", había sido bendecida por sus riquezas, provocando el afán de los españoles por poseerlas. El último Inca hizo cargar su tesoro sobre 20 mil llamas sagradas y las envió a los puntos mas recónditos de su imperio. Allí donde se levantan las más altas cumbres de los Andes, llegaron 40 de ellas, enterrando su tesoro como ofrenda en pos de proteccion.
Nadie pudo hasta el día de hoy descrifrar la ubicacion de esta fortuna oculta, que nunca mas vió la luz. Generaciones tras generaciones de labradores cultivan la vid a la sombra de los Andres, bajo la bendición del tesoro Inca.